La Cova de les Bruixes

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¿Para qué sirven las aves?

joem | 03 Desembre, 2012 20:13

Conocí Galicia en unas circunstancias muy duras, sufriendo y pasándolo mal en esos “meses robados” allí en El Ferrol, que entonces aún era "del Caudillo". Pasando días humillado, obligado, “puteado” y casi amargado, hasta que un libro comenzó a reconciliarme con esa tierra donde pasé un año y medio. El libro era "Gàrgoris y Habidis", de Fernando Sánchez Dragó, un autor que pese a no figurar ahora entre los preferidos de la gran mayoría de mis amigos, es un gran escritor. La primera parte del libro se llama "Un paseo por Galicia" y fue la que me abrió la curiosidad y las ansias de conocer unos lugares que en buena medida coinciden con los del libro "¿Para que sirven las Aves?". Sitios como Estaca de Bares, Ortegal, la Capelada, el Eume, Ortigueira, Valdoviño, Malpica, Muxía, el Pindo...

En el Arsenal seguía igual de mal, pero cuando podía salir y me perdía por esos parajes, percibía que estaba en una tierra especial, diferente, llena de vida, mágica... Y poco a poco, recorriendo esos y otros lugares únicos y llenos de fuerza, mi idea de Galicia y de aquellos meses robados cambió, y en poco tiempo esas escapadas consiguieron no solo que me reconciliara definitivamente con Galicia, sino que quedara profundamente enamorado de aquella tierra y comprendí entre otros a los Celtas, que vinieron desde Asia para acabar en aquel rincón de la península Ibérica.

Portada del libro, que os recomiendo leer a todos, incluso si no os gustan las aves

Ahora, muchos años después, el libro de Antonio Sandoval “¿Para que sirven las aves?” me ha hecho volver a revivir aquellos lugares, aquellas laderas verdes y suaves, aquellos días de nieblas y lluvia fina, tan diferentes a nuestro sol y nuestras tormentas mediterráneas. El libro, es un libro de viajes escrito desde la pasión por las aves, pero también por su tierra, por las tierras de la Coruña, por sus cabos (Estaca de Bares, Ortegal, Prior, Roncudo, Vilán o Touriñan), por sus marismas (Baldaio, Valdoviño, Sabón, Traba), por sus montañas (Capelada, Pindo, Traba), por las playas y las rías, en definitiva por los rincones más naturales de la costa coruñesa. Y es un libro especial, porque como algunos de los mejores libros de viajes, lo que nos narra no es un viaje a tierras y países lejanos y exóticos, sino un gran viaje a las tierras más cercanas, mas intimas y cuotidianas, que por eso son también las más conocidas, vividas y sentidas y las que con más pasión pueden ser descritas a los demás.

“¿Para que sirven las aves?” está escrito desde el conocimiento exhaustivo de los territorios por los que camina el autor en un imaginario viaje desde el norte (Estaca de Bares) hasta el sur (marismas de Carnota), y a estos conocimientos de cada una de las zonas se añade una enorme pasión en cada descripción, en cada hecho narrado, en cada ave, en cada amigo; y todo ello con una prosa que es sencilla y ágil, pero al mismo tiempo elocuente y llena de fuerza; con tres pinceladas nos describe un cormorán, una gaviota, un vuelvepiedras, una pardela o una lavandera, y parece que la estamos viendo o que podemos reconocerla en su corto vuelo; pero de igual manera, con el mismo estilo consigue con apenas cuatro palabras pintarnos y dibujarnos paisajes, lugares, playas, pueblos, pequeños puertos, e incluso a sus amigos, todo ello de una forma a veces encantadora y otras nostálgica, aunque siempre agradable y creándonos en cierta forma, la necesidad de conocer aquello de lo que nos habla.

Un grupo de ornitólogos observando el paso de aves marinas en la Estaca de Bares

Una de las cosas que llaman la atención del libro, es la poesía que desprenden sus páginas y el amor hacia las aves y el litoral coruñés que destila cada línea; pero lo más sorprendente es que eso mismo nos transmite del resto de las personas que aparecen en el libro, de los amigos y de los personajes, actuales o históricos, dibujando siempre la mejor cara de cada uno de ellos, incluso cuando a veces con personajes como Matas, Álvarez Cascos o Rajoy (a los que no cita pero de los que habla) encontrar ese lado bueno no sea fácil. Cada página está llena de optimismo y de una gran fuerza positiva, elementos de los que casi siempre estamos muy necesitados todos los que nos movemos en el mundo de la conservación de la naturaleza; en el libro se habla de tal forma de la lucha ecologista y conservacionista que hace que la misma parezca natural y lógica y que pueda ser valorada incluso por los más escépticos.

En todo el libro es difícil encontrar pesimismo y desánimo (ese que nos sobra a los ecologistas) y el autor sabe sacar y narrar la parte positiva de cada uno de los hechos o anécdotas contados; quizás el único momento en el que se percibe el desánimo y cierta amargura es cuando nos lleva paseando por Baldaio, cuando nos recuerda como era y como es, cuando le acompañamos en su paseo por la zona, cuando nos enseña los rincones destrozados y cuando nos explica como pese a todo Baldaio aun sobrevive. En este episodio si se percibe ese aire de derrota y fracaso que muchos de nosotros llevamos casi siempre a cuestas, producto de tantos lugares perdidos o alterados para siempre, aunque la lectura del libro ayuda a alejar esa sensación de guerra perdida y nos anima a ver la vida de forma más positiva, aunque solo sea por el placer de disfrutar del planear de una pardela entre las olas.

Me ha gustado especialmente el recorrido que el autor hace por sus “primeras veces”, un conjunto de pequeñas historias presentes a lo largo del libro, de descubrimiento y crecimiento, de sorpresa y fascinación, casi todas ellas con el encanto que tiene todo lo que se hace con la ilusión del joven que descubre el mundo. Son pequeñas historias que ayudan al autor a moverse en el tiempo y llevarnos y traernos del pasado, para poder comparar el estado de las especies, de los ecosistemas, de los espacios naturales, ahora y hace una serie de años. Pero además, esta serie de anécdotas son mucho más que la excusa para movernos en el tiempo y comparar, son un conjunto de vivencias muy gratificantes, que nos invitan a dejarnos llevar por cada una de las páginas del libro en las que describe la “primera vez”, las muchas primeras veces que nunca olvidaremos ninguno de nosotros, de tal forma que los que ya tenemos una cierta edad acabamos reviviendo con satisfacción y algo de nostalgia muchas de nuestras “primeras veces”.

Una aguja colipinta alimentándose en una playa gallega

Además el libro es un compendio impresionante de conocimientos y cultura y se aprende muchísimo con su lectura: historias, anécdotas, leyendas, relatos, todos ellos relacionados con el mundo de las aves; muchos de ellos protagonizados por personajes muy famosos como Churchill, Ian Fleming, Roosevelt, Paul McCartney, Jimmy Carter, Mick Jagger, Pablo Neruda, Van Morrison, Fidel Castro y muchísimos más que aparecen a lo largo de las páginas del libro. Anécdotas del Titánic, de los cazadores de avestruces, de Lawrence de Arabia, de guerras, de plumas, de música y arte, de coleccionistas y falsificadores, de faros y pescadores, de naufragios y piratas. igualmente nos habla de gente más o menos anónima y mediante la descripción de sus amigos y compañeros, nos explica las diferentes formas de acercarse al mundo de las aves: los buscadores de rarezas, los que cuentan y hacen listas, los que leen anillas, los que las ponen, los “twitchers” (los que tachan y acumulan especies a veces de forma casi compulsiva), los viajeros, los fijos de un único sitio, los fanáticos de una especie, los que harían cualquier cosa por la foto de un ave, los científicos, y tantos y tantos otros.

Creo que tal como está escrito, por su estructura, por la ternura hacia las aves y el territorio, por su forma fácil, amena y didáctica de explicar las cosas, “¿Para que sirven las aves?” es un libro especialmente recomendado para los no “pajareros”, para los que no son ornitólogos, aunque debe ser lectura obligada para cualquiera que alguna vez se haya sentido atraído por las aves. Pero como digo es un libro especialmente adecuado para regalarlo a nuestra familia, a los padres, a la pareja o los hijos; a los compañeros del trabajo; a los amigos de toda la vida que solo conocen gorriones, palomas y gaviotas; todos ellos lo tendrían que leer porque entenderían muchas cosas y seguro que después nos entenderán un poco más a nosotros, los pajareros; entenderán que pasemos las vacaciones en Varanger, Estaca de Bares o la tundra de Alaska y no en un complejo turístico de Halcón Viajes; y seguro que también entenderán como se pueden pasar días de frío o calor contando puntitos sobre el horizonte marino o pasar horas nocturnas en la cima de una montaña esperando que llegue un petrel únicamente para escuchar su canto unos minutos; en definitiva, nos entenderán.

Un correlimos tridáctilo descansa en una playa coruñesa sin dejar de vigilarnos

Para que no parezca que soy familia del autor o algo similar, no quiero acabar sin ponerle alguna pega al libro: me faltan rapaces! Y se que no es fácil que aparezcan muchas, sobre todo porque el autor es un apasionado de las aves marinas y de las zonas costeras y porque en Galicia no son especialmente abundantes, pero así y todo he echado en falta una mayor presencia de las rapaces, aparecen muy poco y cuando aparecen siempre es atacando limícolas o con alguno de ellos ya en las garras. Finalmente, aunque haya pocas rapaces, quiero reiterar que el libro es magnífico, espectacular y acabo con una frase del propio libro, aunque el autor es Fausto Goethe que se la dedicó a otro libro de viajes de Foster, pero que en mi caso es perfectamente aplicable a este libro: “A uno le gusta, cuando a terminado, volver a empezarlo”.

Gracias.

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